22 jul. 2009

La defensa colectiva de nuestros Derechos

Por Pablo Scatizza
(8300)web

El poeta cubano José Martí decía que “los derechos se tienen cuando se los ejerce”, y es bajo esta premisa que se está llevando adelante un proyecto de extensión en la Universidad de La Plata, desde donde se acaba de editar un manual de Derechos Humanos destinado a todas las organizaciones sociales del país.

El proyecto está dirigido por Esteban Rodriguez y Mariana Relli, y a ellos se les sumó Gabriel Appella para coordinar este necesario manual editado conjuntamente por el Colectivo de Investigación y Acción Jurídica, la organización político cultural Galpón Sur La Plata, del Frente Popular Darío Santillán, y la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.

La primera particularidad de este manual, es que no está dirigido a hombres y mujeres en tanto sujetos individuales, sino que su destinatario son las organizaciones sociales, en particular aquellas que representan los intereses y forman parte de las experiencias de lucha de los sectores populares de todo el país. Y esto, porque durante la experiencia obtenida a lo largo del proyecto de extensión en el que trabajan desde 2005 junto a militantes sociales, docentes, estudiantes e investigadores de distintas disciplinas, han comprendido que la única manera de garantizar el ejercicio de los Derechos Humanos, sobre todo al interior de los sectores populares en situación de desventaja y vulnerabilidad, es la organización. “La organización colectiva es nuestro punto de partida -aseguran. No hay derechos sin organización”.

Los creadores de esta publicación, afirman por ello que “los interlocutores de esta herramienta no son, entonces, los ciudadanos sueltos o los vecinos aislados del barrio, sino los ciudadanos organizados y comprometidos que vienen protagonizando diferentes tipos de experiencias colectivas para hacer frente a las distintas situaciones problemáticas de violencia y descompromiso institucional que padecen”.

Una herramienta

La herramienta de la que hablan se llama “El derecho a tener derechos. Manual de derechos humanos para organizaciones sociales”, consta de unas 300 páginas y está organizada de manera muy didáctica y aprehensible, con gráficos, recuadros e innumerables ejemplos concretos de situaciones de violencia que, por parte del Estado a través de sus instituciones -especialmente la policía-, suelen vivir quienes viven en barrios marginados y pobres, o militan en alguna organización social.

Conscientes de la imposibilidad de abarcar el universo de derechos humanos que a diario son vulnerados de manera específica a mujeres, niños, pueblos originarios, inmigrantes, etc., el trabajo plasmado en este manual se centra en el derecho a la protesta, los derechos frente a la policía y el derecho a la ciudad. En este sentido, el escrito está dividido en cuatro segmentos, en el primero de los cuales se da cuenta de los estándares jurídicos de derechos humanos consagrados por pactos y convenciones internacionales, así como por la Constitución Nacional, partiendo de una básica y fundamental pregunta: qué son los derechos humanos?

Luego el escrito se centra en el derecho a la protesta social, donde se enmarca a esta acción no sólo como parte del derecho a la libertad de expresión, sino también como parte del derecho a reunirse y del derecho a organizarse, es decir, a la protesta social en tanto foro público indispensable de cualquier sistema democrático. La tercera parte del libro está destinada a dar cuenta de los derechos que tenemos frente a la violencia que despliega la policía con su accionar, dando cuenta de aquellas garantías constitucionales y repasando estrategias que cuestionan aquellas prácticas “normalizadas” -en las que pegarle a un joven de tez morocha en una villa, que se resiste a un arresto no estaría mal, por ejemplo.

Más adelante en el texto se aborda las problemáticas propias de las ciudades fragmentadas producto de las desigualdades sociales, como lo son el incumplimiento de los derechos al acceso a los servicios públicos y por lo que diariamente miles de personas no poseen luz, gas, agua potable, transporte público, etc. Finalmente, el manual tiene un apartado en el que se aborda la comunicación comunitaria, y se desarrollan estrategias e ideas para que las organizaciones sociales y comunitarias puedan comunicarse, expresarse y organizarse.

Qué hacer

Es este al principal título que abre la mayoría de las páginas del manual. Básicamente, se explica bajo esa línea qué acciones debemos tomar en tanto vecinos, compañeros militantes o involucrados directos, frente a cualquier acción generalmente policial que pueda llegar a vulnerar algunos de nuestros derechos. Así, por ejemplo, se dan pautas sobre qué hacer cuando nos roban nuestros documentos, cuando nos detienen y sacan una foto, cuando la policía allana un domicilio o cuando nos detienen y llevan a la comisaría. Lo interesante, además, es que las pautas, como se dijo más arriba, no están destinadas sólo a qué hacer de manera individual – es decir, que tengo que hacer yo cuando me detienen, por ejemplo- sino a qué hacer en tanto vecinos o compañeros; en tanto organización social y colectiva.

Este manual no está a la venta, y se distribuye de manera gratuita a colectivos y organizaciones sociales en todo el país. Quienes estén interesados en adquirir uno, habría que ponerse en contacto con sus editores enviar correo electrónico a derechosatenerderechos.laplata@gmail.com

Nota publicada en el sitio web del Diario (8300) http://www.8300.com.ar/

8 jul. 2009

Jornada de educación popular por los derechos frente a la violencia policial y en memoria de Darío y Maxi

Informe: Gabriel Appella


El sábado 20 de junio, una multitud de jóvenes de barrios periféricos de La Plata y Berisso, militantes sociales del Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y compañeros del equipo del Programa de extensión universitaria “El derecho a tener derechos” protagonizaron un encuentro en el Centro Social Olga Vazquez con un doble objetivo: trabajar los derechos frente a la violencia policial y problematizar en torno al 26 de junio de 2002, fecha en la que Darío y Maxi, militantes del MTD Anibal Verón, fueron asesinados por fuerzas policiales durante una represión planificada.


Una de las líneas de gestión del programa de extensión es el trabajo conjunto con organizaciones sociales en temáticas de derechos humanos. En esta jornada particular algunos de los ejes que se abordaron fueron la violencia policial, los derechos y las estrategias para hacer frente a esa violencia. Desde la construcción de espacios no formales y la labor en grupo se trabajo junto a más de 80 jóvenes que participan en distintos proyectos adolescentes del FPDS, como carpintería, cine, construcción, textil, entre otros. Desde el programa creemos necesario que el Manual de derechos humanos debe ser puesto en juego en espacios participativos para así multiplicar los contenidos del mismo, para socializarlos y ponerlos en relación con la vida cotidiana de los sectores populares.




La apertura de la jornada se generó a través de una intervención de teatro popular, donde se dramatizaron algunas situaciones problemáticas abordadas en el Manual en relación al hostigamiento que la policía realiza a los jóvenes de las barriadas. Las reiteradas demoras en la vía pública y la detención por averiguación de identidad, el cacheo y la requisa, el robo de documentos, y las fotografías en las comisarías fueron las situaciones que los compañeros pusieron en escena interpelando la vida cotidiana de muchos de los jóvenes que estaban presentes en el lugar.


Posteriormente se trabajó en grupos para reflexionar sobre las diferentes situaciones de violencia policial que acontecen en los barrios. En reiteradas oportunidades surgió el hostigamiento a los jóvenes, las privaciones ilegítimas de la libertad, el cacheo de personal policial masculino a las mujeres. También aparecieron las contradicciones propias de un sentido común marcado por discursos hegemónicos relacionados a que la policía tiene cheque en blanco cuando “alguien hizo algo”, a que los jóvenes no tienen derecho “cuando bardean”. Además los jóvenes marcaron que solos frente a la policía no pueden hacer nada, “porque nos conocen, saben quiénes somos”, y el temor a las represalias es un sentido compartido por varios de los chicos que estuvieron presentes en la jornada.


También se hizo un recorrido por los derechos que se tienen (en la Constitución, en las Convenciones, etc.) y qué podemos hacer para enfrentar la violencia policial. No firmar nada en la comisaría o poner “apelo”, las mujeres no dejarse revisar por policías hombres, hacer denuncias en fiscalías cuando golpean a los chicos, avisar a los referentes barriales cuando la policía detiene a los jóvenes, anotar el número de patrullero que se lleva detenido a una persona, llamar a la comisaría para hacerle saber a los policías que tienen a nuestro compañero, llamar al 911 para blanquear una detención y así tener registro de cuando y por qué se los llevaron para evitar demoras en la recuperación de la libertad. Tener el registro de la detención –las posibles causas- para enfrentar judicialmente posibles armados de causas. Y por sobre todo, enfrentar las situaciones de violencia policial desde la organización social. El lugar que asume la organización se vuelve fundamental a la hora de hacer valer los derechos para poner u freno al hostigamiento sistemático de las fuerzas represivas. La presencia activa de las organizaciones otorga a los militantes sociales el respaldo y acompañamiento necesario para continuar la lucha, la participación necesaria frente a los derechos negados.


Durante la segunda parte de la jornada se trabajó el tema del 26 de junio de 2002 organizada por militantes del Frente Popular Darío Santillán. Se propuso a los jóvenes recorrer cuatro postas donde se recreaban: la organización en los barrios previa al 26 de junio de 2002 donde se remarcó el trabajo que hacía Darío en un espacio productivo, las reuniones y asambleas, la lucha en las calles y rutas; otra posta reconstruyó el corte del Puente Pueyrredon y a través de videos se mostró la masacre por parte de las fuerzas policiales; la posta que le siguió fue el juicio a Fancchioti y Acosta, la sentencia a los responsables materiales y el reclamo por juicio y castigo de los responsables políticos. Por último, se montó dentro del aula donde funciona el Bachillerato Popular, un espacio que simbolizaba la estación de Darío y Maxi (Ex Avellaneda), donde a través de la lucha se recupera la Memoria de luchadores sociales que militaban por el cambio social.


¡Darío y Maxi no están solos!